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  • Carlos Luna

La tecnología es lo de menos

Actualizado: may 9


Hace algunas semanas terminó el proyecto "B++" organizado por el British Council Perú, proyecto que buscaba empoderar niñas de colegios públicos de la UGEL 7 a través de la programación y el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales. Nosotros tuvimos el encargo de llevar adelante la parte tecnológica del proyecto.


La primera fecha del taller contó con la asistencia de los padres de las chicas participantes del proyecto. En esa reunión se les dio a conocer los detalles de lo que se trabajaría en las sesiones posteriores, pero más importante que eso, establecimos dos ideas que serían centrales para el desarrollo de las actividades con las chicas: primero, que "cualquiera puede programar". Segundo, que en ese taller la tecnología sería realmente una excusa.


¿Cualquiera puede programar?


Remy es una rata que quiere ser chef. Ese es la idea básica de la película de Pixar Animation Studios llamada "Ratatouille". En ella se narran las aventuras de Remy mientras persigue su sueño inspirado por su ídolo personal, el chef Auguste Gusteau, y motivado por el título de su libro "Cualquiera puede cocinar". Y nosotros por supuesto nos inspiramos en esa historia cuando les dijimos a las chicas del proyecto (y a sus padres) que cualquiera puede programar.


Y es que hoy en día, realmente cualquiera (con el acceso a las herramientas mínimas necesarias, por supuesto) puede iniciarse en el mundo de la programación. Lejos han quedado las épocas en que programar implicaba tener la capacidad de poder descifrar lo que significaban las perforaciones en una tarjeta de cartón o de esperar durante horas a que le llegase el turno de usar el equipo especializado requerido. Hoy, el usuario común puede entrar en una cabina de internet, usar algún entorno de programación en línea y dar sus primeros pasos en "coding" de la mano de alguno de los muchos tutoriales disponibles. Luego de investigar un poco y revisar la variedad de lenguajes de programación disponibles llegaremos a la conclusión de que, si uno es capaz de dibujar líneas, arrastrar bloques usando un mouse o escribir palabras y números en un editor de textos siguiendo ciertas reglas pre establecidas, entonces uno es capaz de programar.


Pero, de la misma manera en que el disparar a un blanco de tiro de manera obsesiva durante meses hasta lograr una puntuación perfecta no convierte a nadie en un gran estratega militar, el programar (o construir robots, páginas web, drones o lo que sea que la oferta actual incluya) no necesariamente impulsará nuevos procesos cognitivos en el estudiante. Dicho de otra forma: el que programa se vuelve mejor en programar, pero no necesariamente podrá resolver problemas usando nuevas estrategias de pensamiento. Y es eso a lo que, según nosotros (y muchos otros expertos en la materia) debería apuntarse, al desarrollo del proceso cognitivo relacionado a estas habilidades tecnológicas llamado "Pensamiento Computacional".


En la película de Pixar, la idea de que "cualquiera puede cocinar" enfurecía muchísimo al afamado crítico culinario Antón Ego quien, según sus propias palabras, siempre había expresado su disgusto por esa frase. Y es recién al final de la película cuando el crítico entiende su verdadero significado. Los mismos guionistas de Pixar no creían realmente que cualquiera pudiera cocinar y lo dejaron muy en claro con el personaje de Alfredo Lingüini, quien nunca aprende a cocinar, por lo menos no durante el transcurso de la película. ¿Podríamos decir lo mismo de nuestro "cualquiera puede programar"?


Hasta cierto punto, sí. Cualquiera (bueno, casi - siempre está Lingüini) puede aprender la sintaxis y los patrones usados en un lenguaje de programación y combinarlos para lograr un fin. Pero no cualquiera tendrá la habilidad de posponer la tarea de programar para antes sumergirse en el proceso previo, el del diseño, el del pensamiento realizado lejos de la computadora, incluso independiente de las reglas de su lenguaje de programación favorito preferido o de la propia habilidad de (o gusto por) programar. No todos están llamados a convertirse en programadores, y eso es algo bueno. Pero todos, sin excepción, se pueden beneficiar de lo que el desarrollo del Pensamiento Computacional puede ofrecerles en sus ámbitos específicos de acción, sea en el mundo de hoy o en el mundo del futuro.


En los próximos días veremos incrementarse la oferta por talleres de verano con orientación a la tecnología. Veremos las palabras "programación", "robótica", "electrónica" y demás repetidas una y otra vez intentando convencer al cliente de que la propuesta ofrecida es la mejor del mercado. Y eso puede ser bueno - en mis años de niñez y adolescencia era muy difícil encontrar un lugar en donde poder desarrollar mi interés por la tecnología con otros muchachos como yo y con alguien que estuviera dispuesto a resolver mis dudas. Y ni qué pensar de la posibilidad de armar un robot que realmente funcionase. Pero siempre está el peligro de terminar formando generaciones de personas capaces de programar, o ensamblar un robot o unir módulos de electrónica usando alguna interfaz estándar… pero sin la capacidad de integrar de manera efectiva esas habilidades al proceso de pensamiento para resolver problemas cotidianos, ya que fueron habilidades aprendidas de manera aislada. Por esta razón hacemos desde aquí un llamado a todas aquellas instituciones que ofrecerán talleres de tecnología este verano de 2019: den espacio para el pensamiento computacional. Arriésguense a programar lejos de la pantalla. Impulsen en sus estudiantes los procesos cognitivos que les servirán para todas las áreas de desarrollo, no sólo las tecnológicas.


Que sus talleres de verano 2019 lleven la etiqueta, explícita o no, de "contiene Pensamiento Computacional". Porque cualquiera puede programar, pero eso, al final, es lo de menos.

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